Cuento, la sordera encantada.
La sordera encantada
Paloma, una mujer de 45 años, tiene una vida normal.
Le gusta ayudar a los demás acompañándoles en
sus caminos emocionales, escribe y lee.
Está teniendo una audición buena hasta que un día, de
repente, se levanta de la cama y para
su sorpresa siente un silencio muy profundo.
Se da cuenta que ha dejado de escuchar.
Ningún sonido entra en sus oídos, nada de nada.
Se descoloca mentalmente, escribe un whassap al
otorrino, se lo cuenta y pide una cita, a la cual
le acompaña su marido para enterarse que le sucede.
En la consulta le hacen pruebas y efectivamente, no
escucha nada.
Le comunica a través de la escritura que se está
quedando sorda y su recomendación es que aprenda
lengua de signos para comunicarse.
Se siente muy reacia a cambiar su forma de comunicarse,
lo niega.
Y además para ella aprender lengua de signos es un gran
reto puesto que muchas veces le duelen las manos y las
muñecas.
Cree que lograrlo es un gran trabajo sintiéndose insegura
de hacer este cambio.
Acude a una asociación donde hay personas sordas, como
ella y allí le cuentan que aprendiendo lengua de signos se
siente mejor con su sordera.
Durante un año, en compañía de una profesora, que da
clases sobre lengua de signos,
trabaja su paciencia, calma, serenidad y aceptación sobre
su situación.
Al final, lo logra y percibe que se siente más feliz en la
comunicación.
Se agradece a sí misma su voluntad y para practicar lo
aprendido decide juntarse con un grupo maravilloso que
hacen teatro.
Por fin, está contenta y se quiere a sí misma con su sordera.
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